EL GRAN CARNAVAL

Poster de la película.

Fecha de estreno: 29 de Julio, 1951. Duración: 111 min. País: EE.UU. Género: Drama. 

Título Orig.- Ace in the hole / The big carnival. Director.- Billy Wilder. Argumento y Guión.- Billy Wilder, Lesser Samuels y Walter Newman. Fotografía.-Charles B. Lang Jr. (B/N). Montaje.-Arthur Schmidt y Doane Harrison. Música.-Hugo Friedhofer. Productor.- Billy Wilder. Producción.- Billy Wilder Productions para Paramount. Intérpretes.-Kirk Douglas (Charles Tatum), Jan Sterling (Lorraine Minosa), Robert Arthur (Herbie Cook), Porter Hall (Jacob Boot), Frank Candy (sr. Federber), Ray Teal (el sheriff), Lewis Martin (McCardle).

1 candidatura a los Oscars: Guión.

Festival de Venecia: Candidata al León de Oro y Premio Internacional para Billy Wilder.
Temática: 
   La película, que trata de un periodista neoyorquino que ha perdido su oportunidad de éxito y que va a parar a un pequeño periódico provinciano, en un pequeño pueblo de mala muerte llamado Albuquerque, es una película sobre el histerismo de las masas puesto en escena, propio del Mcartismo.
   EL GRAN CARNAVAL es la primera película producida por Wilder después de su ruptura con Charles Brackett, coguionista y productor de su primera etapa americana. El film parte de un guión del propio director, escrito en colaboración con Walter Newman (guionista radiofónico) y Lesser Samuels, y está basado en un accidente ocurrido en Kentucky, en 1925, y se centra en la historia de Charles Tatum (Kirk Douglas), un periodista neoyorquino que ha sido despedido de diversos rotativos a causa de su conducta poco escrupulosa, y muy especialmente por su afición al alcohol y a las mujeres de los directores de los medios para los que escribe. Tatum se halla casualmente en Nuevo México cuando su coche sufre una avería y decide buscar trabajo en el periódico local, el “Sun Bulletin”, a la espera de una mejor ocasión. Y esta ocasión se le presenta, o así lo cree él, cuando se encuentra inesperadamente con un hombre que ha quedado enterrado en una mina mientras buscaba restos arqueológicos. Alrededor de esta situación se juntan un grupo de personajes (la esposa del hombre atrapado, el sheriff local, el encargado de los trabajos de rescate y el antiguo director del periódico del que Tatumfue despedido) que, cada cual a su manera, van a intentar sacar provecho de la situación. La noticia produce un efecto de “bola de nieve” y pronto empiezan a llegar los primeros curiosos, mientras que, conforme aumenta la emoción del espectáculo, se incrementa el precio de la entrada, que pasa de ser gratuita a costar un dólar. Es el inicio del “gran carnaval” que anuncia el título, cuyo único fin es el beneficio económico, ya sea con la venta de periódicos, de comidas o, en última instancia, de venderse a si mismos. No es por casualidad que el accidente tiene lugar en la colina de los Siete Buitres y que la acción se desarrolla durante una cacería de serpientes, animal que el sheriff Kretzer siempre lleva consigo como mascota.
   La acidez y el sarcasmo habituales de Wilder no se limitan, sin embargo, a la descripción de este grupo, el director subraya con acierto que los “ciudadanos corrientes” que acuden en masa al lugar son tan culpables como los medios de comunicación, puesto que la avidez del público por las noticias sensacionalistas crea un círculo vicioso, siendo los lectores o espectadores los verdaderos responsables de convertir la desgracia ajena en un entretenimiento. Con frecuencia se le ha reprochado al director el excesivo trazo grueso del film y su tendencia de llevar a los personajes y a las situaciones hasta el límite. Ello puede ser cierto desde un punto de vista estrictamente realista, pero resulta evidente que su cine tiende más a la caricatura amarga o agridulce (El apartamento, En bandeja de plata, Bésame, tonto) que al simple retrato de la realidad. Sin olvidar que sus planteamientos dramáticos se basan con frecuencia en el expresionismo germánico, movimiento que él vivió de cerca en sus años berlineses, y cuya estética fue trasladada a Hollywood por un buen puñado de directores y operadores europeos en su huida del nazismo.
 Valoración: 
   En las críticas demoledoras que recibió EL GRAN CARNAVAL aparecen palabras como “despiadada”, “enfermiza” y…”antiamericana”. En el “Hollywood Reporter” se dice: “La película se basa en la premisa de que los estadounidenses son un montón de estúpidos, a los que se puede manejar fácilmente. Son las víctimas de un auténtico histerismo de masas y sus sentimientos pueden contentarse con baratas satisfacciones sustitutorias”.
   En los apasionados reproches que la Comisión para Actividades Antiamericanas lanzaba contra Hollywood desde 1946, siempre se hablaba repetidamente de “propaganda subversiva, envenenamiento de los cerebros de nuestros hijos, deformación de la historia de nuestro país, desprecio a la religión cristiana” (según uno de los presidentes de la comisión, John Rankin).
   ¿Acaso los reproches que se le hicieron a EL GRAN CARNAVAL no dan la impresión de ser un eco del espíritu que la época McCarthy intentaba propagar? Es evidente que fue el clima de aquellos años el que destruyó una obra maestra como EL GRAN CARNAVAL.
   La película se basa en un acontecimiento real del año 1925. En aquel entonces, Floyd Collins, un guía turístico en Kentucky, tras un desprendimiento de rocas, quedó atrapado en una gruta: Sand Cave. Durante dieciocho días, los equipos de salvamento intentaron liberar al hombre que estaba allí atrapado con la pierna rota. A la cabeza de los trabajos de salvamento se puso el periodista William Burke, llamado “Skeets Millen”, que trabajaba para un pequeño periódico en Louisville, y que de pronto proporcionaba a todo el país los informes sobre el hombre atrapado de Sand Cave. La operación de salvamento fracasó. Skeets Miller recibió el premio Pulitzer. Esta es la opinión de Wilder sobre el periodista real:
No se le puede hacer ningún reproche. Hizo lo que pudo. En ningún momento intentó exagerar los acontecimientos en provecho propio.
   A partir de este modelo, Wilder creó al extremadamente ambicioso Charles Tatum, ansioso de notoriedad y falto de escrúpulos, que ejerce la corrupción del periodista sensacionalista, que confecciona las noticias y manipula la realidad, como en un espejo ustorio; una prensa sensacionalista que, sin ninguna clase de escrúpulos, está al servicio de la curiosidad, absolutamente insaciable y enfermiza, de un público de masas, como con una droga que permite a la gente narcotizar su propia banalidad y su propio aburrimiento existencial. Charles Tatum, tal y como Kirk Douglas lo interpreta, guarda cierta relación con Walter Neff (Fred MacMurray) en Perdición y con C. C. “Bud” Baxter (Jack Lemmon) en El apartamento.
   Como en Perdición, también en EL GRAN CARNAVAL hay una esposa que quiere huir de la estrechez, del aburrimiento y de la pobreza de su matrimonio, pero Kirk Douglas, al contrario que Fred MacMurray en Perdición, no acepta que ella quiera irse con él a Nueva York. Wilder hizo que Jan Sterling interpretara el papel con el pelo completamente rubio, como años antes había hecho aparecer a Barbara Stanwyck con la exagerada peluca rubia: Era el símbolo de sus ambiciones, y también de la desgracia de su matrimonio.
   Se ha dicho que la película fue un fracaso porque la esposa resulta ser una bestia fría: Ninguna mujer aconsejaría a su marido ver esa película. Creemos más bien que hay otro motivo, y es que el auténtico malvado en EL GRAN CARNAVAL no es ni Kirk Douglas, en su papel de periodista, ni Jan Sterling, en su papel de esposa, sino el público. El periodista es el que alimenta a la bestia, pero él personalmente no es la bestia. Y esto provocó el fracaso: Nadie quiere verse a sí mismo en el papel del malvado. ¡Cómo se puede atraer a la gente al cine, a contemplar un espectáculo, cuando se le está echando en cara las consecuencias brutales que puede tener el afán de espectáculo!
   EL GRAN CARNAVAL, que en Estados Unidos fracasó de un modo tan descorazonador, en Malasia fue prohibida, alegando que la película retrataba una faceta de la vida estadounidense que podía malinterpretarse, es decir, que en plena guerra fría podía ser un mensaje pernicioso del “american way of life”. En Europa la película tuvo un gran éxito. En la Bienal de Venecia recibió el León de Oro. En casa, Wilder no se recuperó de este golpe consolándose con los éxitos conseguidos en Europa, sino gracias a las cifras de espectadores y críticas positivas que obtuvo Traidor en el infierno.
   Hijo de una familia judía de clase media, Billy Wilder, como él mismo ha declarado en más de una ocasión, estaba “destinado” a ser abogado, y con este fin ingresó en la Universidad de Viena en 1925. Inquieto y poco constante, muy pronto abandonó esta carrera para ingresar en el mundo del periodismo trabajando como cronista deportivo y de sucesos para el periódico “Die Stunde” de esa ciudad. Poco después, en 1926, se marchó a Berlín con la orquesta de Paul Whiteman, de gira por Centroeuropa, con el pretexto de escribir un reportaje sobre la misma. Una vez en Berlín, continúa su labor de periodista en “Die Nachtausgabe” y también en el prestigioso rotativo “Berliner Zeitung am Mittag”, a la vez que colabora en otras publicaciones como “Tempo”, la revista literaria “Der Querschnitt” y el periódico “Borsen-Courier”, del que fue expulsado a causa de una broma sobre las costumbres judías. Son años azarosos, de penalidades económicas y precariedad laboral, en los que es contratado durante dos meses como bailarín de “alquiler” en el Hotel Eden, empleo que aceptó a medio camino entre la necesidad pecuniaria y el propósito de escribir un reportaje para el “Berliner”.
   Hablando de su experiencia como periodista, Wilder ha manifestado: “Me ocupaba de deportes, sobre todo de fútbol y también de tenis. También hice reportajes de sucesos. Era un trabajo sucio. El periódico salía al mediodía. Tenía que levantarme a las cinco, coger el tranvía e ir a casa de los padres del asesino para pedirles una foto de su hijo, o visitar a alguien cuya mujer había perecido en un incendio. Era muy embarazoso”.
   Sin duda, esta sombría impresión del medio periodístico se refleja claramente en EL GRAN CARNAVAL y también en Primera plana, film suavizado por el humor pero igualmente cáustico en cuanto a su visión del mundo de la prensa.
   EL GRAN CARNAVAL es a la prensa lo que El crepúsculo de los dioses al mundo del cine. Ambos “espectáculos” tienen un director de escena: Max von Mayerling (Erich von Stroheim) en El crepúsculo… y Charles Tatum en EL GRAN CARNAVAL, y un “sujeto” desencadenante: Una vieja gloria del cine mudo o un buscador de vasijas indias. La tradicional oscilación de Wilder entre Lubitsch y Stroheim (considerados por el propio director como sus cineastas de cabecera), se decanta en esta ocasión claramente por el segundo. Los protagonistas de EL GRAN CARNAVAL, a cual más abyecto y despreciable, no son muy diferentes de los de Avaricia. Tan sólo existe un personaje honesto en el film, y éste es Jacob Boot, el íntegro director del “Sun Bulletin”, cuyo lema “Di la verdad” es observado con actitud burlona por el protagonista. El desenlace, por otra parte, claramente moralizante y poco acorde con la dureza del film, bien podría suponer una cierta concesión de Wilder a la moral de la época, en plena y temible euforia de la “caza de brujas”.
   En cualquier caso, como ya hemos venido diciendo, EL GRAN CARNAVAL fue en los Estados Unidos un notable fracaso. Wilder asume el fracaso del film y apunta como posibles causas la mala recepción que tuvo por parte de la prensa (según sus palabras, la revista Life llegó a decir que “el sr. Wilder debería ser deportado”) o la hostilidad del público a reconocerse en tan sombrío espejo. La reacción inmediata de la Paramount fue reestrenar el film al cabo de unos meses con el título cambiado (originalmente se llamaba “Ace in the Hole”, “Un as en el hoyo”), un nuevo montaje y una banda sonora diferente. Pero la estrategia tampoco dio ningún resultado.
   Es muy probable que EL GRAN CARNAVAL se adelantara a su época. En el momento actual, cuando el amarillismo de los medios de comunicación ha alcanzado sus máximas cotas, la regla de Charles Tatum: “Cuando no hay noticias, salgo y muerdo a un perro” parece más vigente que nunca. No deja de ser significativo que, en los últimos años, el prestigio del film ha ido progresivamente en aumento tanto en Europa como en América.
Fuente de Información: Fichero del AULA DE CINE/CINE CLUB UNIVERSITARIO. Universidad de Granada. Con fines divulgativos.
Trailer de “Ace in the hole / The big carnival”

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