LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES

Poster de la película.
Año de estreno: 1970. Duración: 123 min. País: Gran Bretaña. Género: Comedia-Suspense.
Título Orig.- The private life of Sherlock Holmes. Director.- Billy Wilder. Argumento.- Los personajes de Arthur Conan Doyle. Guión.- I.A.L. Diamond y Billy Wilder. Fotografía.- Christopher Challis (DeLuxe-Panavision). Montaje.- Ernest Walter. Música.- Miklos Rozsa. Productor.- Billy Wilder. Producción.- Phalanx Prod.- Sir Nigel Films-Mirisch Co. para United Artists. Intérpretes.- Robert Stephens (Sherlock Holmes), Colin Blakely (dr. Watson), Irene Handl (sra. Hudson), Genevieve Page (Gabrielle Valladon), Christopher Lee (Mycroft Holmes), Stanley Holloway (el sepulturero), Clive Revill (Rogozhin), Tamara Toumanova (Petrova), George Benson (inspector Lestrade), Mollie Maureen (Reina Victoria).
Temática:
 Durante años fue considerada una película menor y puesta como ejemplo de una creatividad al borde del abismo y la decadencia. Venía Billy Wilder de dos décadas marcadas por el éxito profesional y la brillantez de los galardones. Y empezó la década de los setenta con LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES, una sagaz creación del único caso en que el misógino detective inglés fue vencido por unas faldas -y no precisamente las escocesas que calza su inseparable amigo y biógrafo oficial y fantasioso el Dr.Watson (Colin Blakely)-. La secuencia de marras supone el descubrimiento y la aceptación de la derrota. Después de conocer por su hermano Mycroft (Christopher Lee) de que ha sido engañado por la señora Valladon (Genevieve Page), que en verdad es una espía a las órdenes del gobierno alemán, que quiere hacerse con el submarino que los británicos están probando en el Lago Ness, Sherlock Holmes (Robert Stephens) vuelve al hotel para desenmascarar la mascarada. La elegante puesta en escena (marca de la casa) muestra a la esquiva Gabrielle de espalda cimbreante y desnuda, velazqueña. Con gran acierto narrativo, el paraguas que la espía utiliza para comunicarse con sus camaradas sirve primero para cubrir la espalda con la suave seda y justo después como improvisado despertador. Como no podía ser de otra manera, tratándose de un hierático caballero inglés, no hay grito ni ataque de cuernos temperamental, sino una calculada progresión en el desvelamiento.
   Si antes apelábamos a la elegancia visual, hay que reseñar el ingenio acerado del guión. Las preguntas se suceden a modo de interrogatorio para conseguir el propósito de desbaratar los planes teutones. Una vez conseguido el objetivo de que los espías caigan en la trampa, al diálogo no le queda más que una neblina melancólica en las miradas. El hombre que consigue ser seducido por una mujer a la altura de su inteligencia. Más aún. Una mujer más inteligente que cree equivocadamente haber sido vencida por la mente del detective. La llegada de Mycroft aporta luz a los equívocos y, como marcan los cánones, el desenlace de un romance de cópula dialéctica e intelectual. Merced a las peticiones de Sherlock, la espía será canjeada por un agente británico apresado por los alemanes. A todo esto la llegada del sanchopancesco Watson aporta un contrapunto cómico -teatral el trastabilleo con la maleta y el paraguas- que evita cualquier salpicadura de almíbar. Discípulo aventajado de Lubitsch, Wilder conoce bien la lección de las puertas cerradas y las ventanas abiertas a la imaginación del espectador. Así pues, no hay explícita demostración de amor, sino una bella y escueta despedida en morse.
   A esta maravillosa secuencia final se añade una coda que cierra el film y la historia escondida de la única vez que el detective inglés fue vencido. Mientras desayunan Holmes y Watson en modélica tranquilidad de matrimonio “british”, el detective recibe una carta de su hermano Mycroft en la que le informa de que Gabrielle fue apresada por los japoneses y ha sido ejecutada. Como apunte último, Mycroft añade que la espía vivió bajo el nombre ficticio de señora Ashdown, identidad que utilizó en su estancia escocesa junto a Holmes. Toma sentido entonces el diálogo en los primeros compases del film entre los dos solterones:
   -Watson: “Holmes…Permítame una pregunta. No quisiera parecer indiscreto pero, ¿ha habido
mujeres en su vida?
”.
   -Holmes: “La respuesta es sí…Me parece usted indiscreto”.
Valoración:
   Pregunta: ¿Acaso no son Sherlock Holmes y su fiel acompañante Watson una pareja extremadamente singular, otra “extraña pareja”? Y sin embargo en LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES, casi cinco años después de En bandeja de plata (el intervalo más largo que él ha dejado nunca entre dos películas), Billy Wilder no les dio los papeles a Lemmon y a Matthau sino a Robert Stephens el de Sherlock Holmes, y a Colin Blakely el de doctor Watson.
   ¿Quién es Robert Stephens, el actor que interpretó el papel del que se afirma que es el autorretrato de Billy Wilder, interpretado de modo romántico? Robert Stephens, una estrella del teatro y actor de televisión británico, actuó en la famosa versión cinematográfica de Romeo y Julieta dirigida por Franco Zeffirelli en 1968, aunque no interpretó ni a Romeo, ni a Teobaldo, ni a Mercucio, ni al padre de Julieta, ni al sacerdote, sino al príncipe de Verona, un “adorno”, como suele llamarse a estos papeles, un perchero para ropajes principescos. También interpretó a Sherlock Holmes de un modo más decorativo que intenso. Y eso que Wilder proveyó al papel con todos los ingredientes: Su Sherlock es un solitario, tiene la melancolía de Oscar Wilde y está rodeado del esnobismo de Oscar Wilde; como está por encima de la gente que le rodea a causa de la agudeza de su inteligencia y de su falta de prejuicios, el aburrimiento lo lleva a la cocaína. Y en la película, ese hombre extremadamente inteligente cae en la trampa de una mujer que lo engaña y de la que además se enamora, madame Valladon (interpretada por Genevieve Page, que en 1967, junto con Catherine Deneuve, intervino en la película Belle de jour de Buñuel), que en realidad se llama Ilse von Hoffmannsthal y es una espía alemana. Un símbolo del amor de Wilder por Alemania y por Austria a las que se vio forzado a enfrentarse como enemigo.
   Tampoco el actor irlandés Colin Blakely, que interpreta al doctor Watson, es el reparto ideal. También él está más bien destinado a personajes marginales.
   En la lista del posible reparto de su película sobre Sherlock Holmes, que tenía ocupado a Wilder desde el éxito de su Irma la dulce y que tan pronto tenía que convertirse en un gran musical como en una gran película de decorados, aparecen Peter Sellers y Peter O’Toole. Es evidente que era impensable conseguir a Peter Sellers después de la pelea que tuvieron ambos en Bésame, tonto y de la forzosa interrupción del rodaje, por motivos de salud.
   Wilder también tuvo dificultades con el guión. Primero trabajó en él con Diamond, más tarde -cuando su colaboración acabó en un callejón sin salida y Diamond se recuperaba escribiendo Flor de cactus– lo intentó con su coautor neoyorquino Harry Kurnitz, después con el dramaturgo británico John Mortimer y finalmente de nuevo con Diamond.
   El resultado fue una película que, cuando por fin se rodó, duraba casi tres horas y media. Aquella opulenta cinta debía proyectarse con una pausa, como sucedía con Doctor Zhivago, pero la empresa de distribución United Artists no tenía mucha confianza en que el tema resistiera una duración tan épica. La consideró demasiado larga e insistió en que se acortara drásticamente.
   “Todo es demasiado largo, menos la propia vida y el propio pene” -afirma Wilder con una descomunal sabiduría de la vida de Hollywood, al comentar el hecho de que tuviera que acortar su película en más de una hora, de modo que tuvo que arrancarle a su intrincado autorretrato el alma del cuerpo. Porque a diferencia de otras películas que no obtuvieron tanto éxito, y que él considera fracasos, Wilder aprecia muchísimo LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES, la considera una película personal y eso aun a pesar de que tiene dos características atípicas: Es una película de “episodios”, en cuya versión recortada solo se perciben una serie de episodios, concatenados en torno al propio argumento “del lago Ness”. Y es una película de vestuario, una película en la que se cuenta, retrospectivamente -a partir de un informe del fallecido doctor Watson, cuyo legado es abierto cincuenta años después de su muerte-, una historia de espionaje y submarinos del año 1887, en la que Holmes, por amor, pierde su sentido común, tan justamente temido, y sirve a los planes de una espía alemana. La película, de una delicadeza inusual, podría decirse “británica”, puesto que resultó muy cara, fue uno de los desastres de Wilder que tuvo más graves consecuencias. Al cabo de pocas semanas, fue retirada de los cines. Wilder tenía una época de mala suerte: La película desaparecía de los cines porque no la sostenían ni la corriente del momento ni las estrellas: Y eso que la obra es en color, que trabaja con señales cinematográficas muy hermosas y al mismo tiempo peregrinas (la espía alemana manda sus mensajes secretos en morse abriendo y cerrando su sombrilla blanca: Largo, largo. corto) y mantiene un maravilloso equilibrio entre su agudeza y su melancolía.
   Billy Wilder rodó en Londres LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES con dos actores prácticamente desconocidos, pero cuya relación obligaría a pensar por instantes en el dúo Lemmon-Matthau. No obstante, sería improcedente que ambos hubieran protagonizado la película. Wilder tiende a una ambigüedad de las situaciones que afectará seriamente a sus personajes, imbuidos en una evidente relación homosexual donde los papeles están delimitados y no procede en ningún instante al intercambio de roles. La delicadeza de Wilder no desfasa la aventura que se establece, al contrario de lo que percibe en Con faldas y a lo loco y Primera plana.
   LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES es más obvia en este aspecto, pero también es más sutil, más delicada, incluso hasta más afeminada. Sherlock Holmes (Robert Stephens) es la sobriedad, la inteligencia, el dominio, la fuerza. El doctor John H. Watson (Colin Blakely) es débil, indefenso, está necesitado de protección y de cariño. En Wilder nunca había aflorado tan explícitamente una pareja donde la unión se nos antojara espléndida y donde todos los elementos establecen la garantía de ser asumidos con naturalidad. Watson es ridiculizado en una escena por su presunta homosexualidad, pero él permanece impasible. La asunción de su estado, la tranquilidad de espíritu, llegan a la comunicación y nos muestran la versatilidad de recursos para sobrellevar situaciones equívocas.
   Michel Ciment comentó a Wilder que tanto en ¡Avanti! como en LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES hay más romanticismo, más ternura, que en otros de sus films. Wilder no se debió sentir muy satisfecho con esta apreciación -que por otra parte, es más que evidente- y respondió: “No diga eso. Me da miedo. No quiero que me conozcan bajo ese aspecto. No quiero que me tomen por un blandengue”. Sintiéndolo por Wilder, esas películas esbozan una transformación en su filmografía. La tendencia al sentimentalismo no debe ser motivo de preocupación. La sensiblería sí sería un defecto acusado. Pero Wilder nunca se ha mostrado vulgarmente romántico. La construcción de sus historias tiene un trasfondo de madurez acuciante. LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES es un film reposadamente sentimental, pero lo más llamativo es que se trata de una de las películas más inteligentes del mundo. Juntando ambos conceptos, no cabe duda de que estamos ante un film hermoso, indescriptible y difícilmente comprendido, lo que explicaría su notable fracaso económico y las reticencias con que fue abordado, al menos en el momento de su estreno, por cierta crítica cinematográfica.
   Partiendo del relato de Sir Arthur Conan Doyle, Wilder ha desviado el espíritu con que fueron creados tanto Sherlock Holmes como el doctor Watson. Inicialmente, les ha situado en un marco de confortabilidad que le lleva a humanizarlos. De esta manera, nos encontramos con que si Conan Doyle nos transmitía a Sherlock Holmes como un superhombre capaz de descubrir con su perspicacia los casos más enrevesados, para Wilder es un ser cotidiano susceptible de caer en el error. Por otra parte, el personaje de Watson, torpe ayudante de Sherlock Holmes en los relatos de Conan Doyle, sufre también un profundo cambio en su personalidad. No sólo se dedica a seguir a Holmes y a admirar sus proezas, sino que es capaz de cuestionarlas y de ofrecer sus opiniones. Watson es menos dependiente sólo por la forma en que Wilder nos lo presenta en el film. Ambos son solitarios y románticos que ahogan su aventura en la insatisfacción de no poder llevar más lejos su apasionamiento.
   Aparte del acierto en la reconstrucción y la puesta en escena de este bello poema/homenaje a un clásico de la literatura, la sorpresa de LA VIDA PRIVADA DE SHERLOCK HOLMES descansa en diferentes puntos. Por una parte, tenemos el soberbio guión de Wilder y Diamond, la admiración del primero por los relatos de Conan Doyle, su visión particular de los personajes, el proyecto de rodar esta película desde mucho tiempo atrás. También cuenta unos diálogos plenos de originalidad, que dan prioridad por instantes a la imagen. De otro lado, tenemos la historia de amor que encierra los momentos más íntimos entre Sherlock Holmes y Gabrielle Valladon (Genevieve Page), la espía que aparece misteriosamente en la película y en la vida del detective.
   La absurda acusación de misógino que persiguió la obra de Wilder se vuelve de nuevo contra sus detractores. Pocos personajes femeninos han tenido tanta fuerza en la pantalla como Sabrina, Irma, la Fran de El apartamento, Norma Desmond, la Phyllis de Perdición. La inteligencia de Wilder, unida a la sensibilidad de sus mujeres, han hecho que su obra ridiculizara a sus héroes y exaltara a sus féminas. En Bésame, tonto, el marido queda desplazado por la entereza de su mujer y de la prostituta que contrata para Dean Martin. No es extraño, por tanto, que la suprema elegancia de Sherlock Holmes -como la de Sir Wilfrid en Testigo de cargo– quede ensombrecida por la suprema elegancia de Gabrielle -como la de Christine en Testigo de cargo-. Pese a sentirse doblegado por la fascinación, el placer, la inteligencia, para Sherlock Holmes está por encima el deber que el amor -al contrario que de los tiernos y encantadores protagonistas de Irma, la dulce o El apartamento-, terminando por entregar a Gabrielle con todo el dolor de su corazón –Sir Wilfrid Robarts, sin duda, la habría defendido en el hipotético juicio-, para purgar en silencio su derrota y su vulnerabilidad, como el Bogart de El halcón maltés.
   Wilder desarrolla con pulcritud una exagerada actitud de cariño hacia Holmes. El romanticismo de la película está lejos de la contención. La proximidad que observamos entre el mundo real y otro imaginario, no muy lejano de Wilder, nos hace permanecer atentos por el rumbo de la acción. Instantes antes de que Gabrielle se separe de su amado, concederá un nuevo margen de confianza a la sabiduría de Sherlock Holmes: “Tú sabías todo desde un principio”. Y Holmes, destrozado moralmente y hundido sentimentalmente ante la decisión más importante que ha tomado en su vida, asiente con la cabeza. Ha sido claramente engañado, pero al contrario de los protagonistas de Perdición y Testigo de cargo ha tenido la fortuna de que nadie haya estado presente en el desmantelamiento de su ignorancia. La leyenda le permitirá entrar en la historia como un ser superior, inmune al fracaso.
   No obstante, el precio que Holmes paga es demasiado alto. Así, la despedida a lo lejos de Gabrielle, abriendo y cerrando la sombrilla, hubiera dado posibilidades para otra película, si no fuera porque Wilder se repliega sobre sí mismo y obliga a Sherlock Holmes a aceptar el golpe de su fracaso con una entereza típicamente inglesa. Wilder le muestra a través de su ventana. Está tan solo como muchos de sus personajes. Pero ni siquiera en esos escasos momentos puede contar con el apoyo de los que le observan, que hemos dejado de admirarle y, muy probablemente, no volveremos a creer jamás en él.
Fuente de Información: Fichero del AULA DE CINE/CINE CLUB UNIVERSITARIO. Universidad de Granada. Con fines divulgativos.
Trailer de “The private life of Sherlock Holmes (1970)”.

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