¡QUÉ VERDE ERA MI VALLE!

  John Ford y Cartel de ¡Qué verde era mi valle! ¿Fue Qué verde era mi valle la primera vez que volvió usted a poner los personajes al final, igual que hizo usted más adelante en Cuna de héroes y El hombre tranquilo?

   “Creo que sí. Quería volver a la canción de la madre y se me ocurrió la idea de volver a presentar a los actores. En el teatro siempre me gusta que los actores vuelvan al escenario a saludar, tanto si se trata del chico de los recados como del mayordomo, me gusta que saluden al público. Probablemente de ahí saqué la idea.”

   ¿Era la vida de la familia algo personal para usted?

   “Bueno, soy el menor de trece hermanos, así que supongo que me pasaban las mismas cosas; yo en la mesa siempre me portaba como un niño fresco.”

    ¿Se improvisó una parte importante de la película en el plató?

   “El guión lo escribió Phil Dune y nos ajustamos bastante a él. Quizá añadiéramos algo, pero para eso está el director. No puede uno limitarse a hacer que la gente se ponga de pie, diga lo que le toca y se vuelva a sentar. Tiene que haber algo de movimiento, algo de acción, cosillas que animen y cosas así.”

Texto: Peter Bogdanovich, John Ford, Fundamentos, 1983.

   “…se trata de una película que conserva ciertas rigideces épicas de Las uvas de la ira en una Imagen de ¡Qué Verde era mi Valle!dimensión más intimista, donde el énfasis proviene de la coralidad exhibida por el relato, o de los cantos galeses de los habitantes del pueblo. Y hacia ese mismo camino se dirigen también sus búsquedas visuales: […] aquí prácticamente todo el relato se puede leer a través de las luces y las sombras que se agitan sobre los techos de la casa de los Morgan, envolviendo su destino con el calor y las inquietudes de esas refracciones, donde los dramas sociales tienden a resolverse en una dimensión doméstica que es también la de la memoria. Una elección que encuentra una especie de correspondencia en los encuadres en exteriores, donde son los humos que se alzan al cielo los que cierran el horizonte del pueblo dentro de una óptica al mismo tiempo evocadora, fabulesca y opresora. Texto: Renato Venturelli, “John Ford y los films de prestigio: construyendo el encuadre, esculpiendo la luz”, en dossier especial “John Ford, 2ª parte”, rev. Dirigido, junio 2008.

   Así, la profundidad de campo, la recurrencia al plano fijo o el subrayado de la tridimensionalidad del encuadre delatan su pertenencia a un período de la historia de Hollywood en el que las normas clásicas empezaban a resquebrajarse en favor de una representación mucho menos límpida, mucho más autoconsciente: mientras las masas y los volúmenes se erigían en ejes rectores de la composición plástica, los agujeros de la narración se hacían más frecuentes, los saltos más recurrentes, las rupturas temporales algo mucho más habitual. Sin embargo, el respeto a las proporciones estructurales y a la progresión argumental continuó en activo, de modo que la clausura de ¡Qué verde era mi valle!, como si se tratara de una sinfonía, reúne temas y motivos, personajes y comparsas, en una apoteosis final en la que se resuelven todos los conflictos planteados a lo largo de la película. Y entonces el espectador comprueba definitivamente que el narrador invisible del principio no era otro que el narrador típico hollywoodiense, esa instancia todopoderosa que aún tenía potestad para manejar a su antojo lo que parecía una narración autónoma, para convertir en sueño una realidad lacerante. Por lo menos durante el tiempo que durara la película. Texto: Carlos Losilla, “¡Qué verde era mi valle!” en Especial “Las mejores películas de la historia de los Oscars”, rev. Dirigido, marzo 2000.

   En las historias del cine hay quienes consideran ¡QUÉ  VERDE  ERA  MI  VALLE¡ como un escándalo por haberle arrebato el Óscar a la Mejor Película a la legendaria Ciudadano Kane (1941), lo cual, probablemente, se vió favorecido por la broma de Orson Welles con La Guerra de los mundos. En cambio otros, como Tag Gallagher, en su biografía-estudio de Ford, la considera hoy la mejor película del director en aquel período que, por una serie de constantes en sus trabajos, se suele considerar el germen del Ford más fatalista.

  Renato Venturelli afirma que, junto con LAS UVAS DE LA IRA, es el otro gran film controvertido de los años 40 en la obra fordiana en tanto que, al igual que en LAS UVAS DE LA IRA, ¡QUÉ  VERDE  ERA  MI  VALLE¡ se basa en un best seller del momento para mostrarnos las luchas mineras en el Gales de finales del siglo XIX a través de la mirada de el hijo más pequeño de una típica familia galesa conservadora de tradición minera, que se verá desmoronada por las injusticias sociales y transformaciones originadas a raíz de la revolución tecnológica que amenaza con modificar sus estilos de vida como obreros asalariados. Una familia, por cierto, perfectamente retratada en sus valores, costumbres o en su rígida estructura donde el papel que le compete  a cada uno está perfectamente delimitado.

¡Qué verde era mi valle!    Con lo que ya observamos que van apareciendo algunos de los temas del Ford de esta época como la cuestión obrerista al mostrar la degradación de un pueblo minero por el paso del tiempo y los estragos del capitalismo, a través de una familia arquetípica que enfrentan la situación desde diferentes perspectivas. Así observamos las posturas del padre y el hijo pequeño, apegados a la tierra y tradicionalistas fervientes, en contraposición a la del resto de los hermanos -que acaban emigrando ante el progresivo empeoramiento de la situación- pasando por la posición del clero y la patronal. Lo que nos lleva al segundo tema que es la tensión, el conflicto entre la salvaguardia de la tradición comunitaria y el despiadado avance del progreso, que va tomando forma tanto en los secundarios de la película como en esa familia, que va desmembrándose debido al desempleo y las huelgas, tal y como ocurría en LAS UVAS DE LA IRA. Y el tercer tema es la figura del solitario que, pese a su implicación y beneficiosa influencia en la comunidad, nunca abandona su condición de marginado porque llega un momento en que no resulta necesario o, en palabras de Carlos Losilla, por una especie de fatum trágico que lo condena a errar eternamente sin familia y sin raíces. En ¡QUÉ VERDE ERA MI VALLE! este personaje es un religioso interpretado por Walter Pidgeon.

   Como ya ocurriera en LAS UVAS DE LA IRA, Ford se adhiere intimamente a la historia que adapta al cine como prueban sus palabras con respecto al niño protagonista de ¡QUÉ VERDE ERA MI VALLE!:  “Soy el más pequeño de trece hijos, y por ello pienso que me han sucedido las mismas cosas”. Observamos entonces que Ford aborda la historia como una nueva variación sobre el tema de la diáspora irlandesa y las contradicciones íntimas de sus protagonistas, concediendo una mayor importancia al tema de la memoria que al social.  Aunque Renato Venturelli, con respecto a la actitud del protagonista-narrador, afirma que puede ser vista en términos problemáticos, de adhesión sentimental pero también de distancia crítica hacia un personaje incapaz de alejarse de su propio mundo y, por lo tanto, de crecer y cambiar.

   Pero la cosa no se queda aquí, Carlos Losilla señala que junto a este muestrario de constantes fordianas se dan algunas de las estructuras formales más elaboradas de la filmografía de Ford: Presentación de la película como un poema lírico, como una elegía, que absorbe todos los elementos realistas en una especie de contexto onírico para el que el tiempo únicamente es un implacable agente de destrucción. El que se conciba ¡QUÉ VERDE ERA MI VALLE! como algo irreal, propio de un sueño, que produce un alejamiento del espectador cercano al hieratismo más radical, se explica por la dificultad para percibir el paso del tiempo por los personajes y por el hecho de que la trama se elabore mediante tableaux más bien estáticos, que a menudo finalizan con las figuras dispuestas a modo de grupos escultóricos, inmóviles, paralizados por una cámara que parece querer inmortalizarlos en instantes muy determinados, por memorables, de su existencia.

Ficha Técnica:

  • Año.-1941. ¡Qué verde era mi valle!
  • Duración.- 118 minutos.
  • País.- EE.UU.
  • Género.- Drama.
  • Título Orig.- How green was my valley!
  • Director.- John Ford. 
  • Argumento.- La novela homónima de Richard Llewellyn.
  • Guión.- Philip Dunne.
  • Fotografía.- Arthur Miller (B/N).
  • Montaje.- James B. Clark.
  • Música.- Alfred Newman.
  • Productor.- Darryl F. Zanuck.
  • Producción.- 20th Century-Fox.
  • Intérpretes.-  Walter Pigdeon (señor Gruffydd), Maureen O’Hara (Angharad Morgan), Donald Crisp (Gwilym Morgan), Sara Allgood (señora Beth Morgan), Anna Lee (Bronwyn Morgan), Roddy McDowall (Huw Morgan), John Loder (Ianto Morgan), Patrick Knowles (Ivor Morgan), Barry Fitzgerald (Cyfartha), Arthur Shields (señor Parry), Richard Fraser (Davy Morgan), James Monks (Owen Morgan), Irving Pichel (narrador).
  • 5 Oscars: Película, Director, Actor de reparto (Donald Crisp), Fotografía y Dirección artística (Richard Day, Nathan Juran y Thomas Little). 5 candidaturas: Guión, Montaje, Actriz de reparto (Sara Allgood), Música y Sonido (Edmund H. Hansen).
  • Sinopsis: En un pueblo minero de Gales viven los Morgan, todos ellos mineros y orgullosos de serlo y también de respetar las tradiciones y la unidad familiar. Sin embargo, la bajada de los salarios provocará un enfrentamiento entre el padre y los hijos; porque mientras éstos están convencidos de que la unión sindical de todos los trabajadores es la única solución para hacer frente a los patronos, el cabeza de familia, en cambio, no quiere ni siquiera oír hablar de sindicatos ni de socialismo. (FILMAFFINITY)

Fuentes:

   Os animamos a que compartáis este post acerca de este film, con el que el Cine Club Universitario de la Universidad de Granada continúa hoy su ciclo MAESTROS DEL CINE CLÁSICO (VII): JOHN FORD (2ª parte) (en el 120 aniversario de su nacimiento), para que el mayor número posible de personas puedan disfrutar del mismo, en Aula Magna de la Facultad de Ciencias, a las 21 horas.

   Asimismo podéis hacer comentarios o sugerencias  con un clic en “+”.

   Muchas gracias.

   Adrián De La Fuente Lucena.

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