Conversaciones con cineastas: CLINT EASTWOOD

   “Hay personas que creen saber lo que hace su rostro. Te das cuenta porque ves que se observan mientras te hablan: en lo que a mí respecta, si me preocupara de lo que hace mi rostro, me volvería loco. El error más grave para un actor es ponerse a pensar en términos intelectuales, porque la interpretación no es un arte intelectual. Al público le gusta que lo impresionen y no llegaremos a él si empleamos otro registro”.

Clint Eastwood (1979)

   “No juego con mi imagen. Más bien soy la misma persona que interpreta papeles diferentes. Tengo cariño a todos mis personajes por diversos motivos, pero no me gustaría hacer siempre de Harry el sucio o de Bronco Billy. Sobre algunos papeles que he interpretado en mis películas, la gente me ha dicho que ese personaje no era yo. Pero ¿quién soy yo? Un actor que interpreta papeles”.

Clint Eastwood (1985)

 Ciclo Clint Eastwood  Clinton Eastwood Jr. nace el 30 de mayo de 1930 en San Francisco, en el momento culminante de la gran depresión. Durante algunos años su padre Clinton Sr., que había trabajado como contable, recorre California con su familia buscando empleo a bordo de una caravana. A menudo Clint se queda con su abuela en Oakland, en la bahía de San Francisco: allí da de comer a las gallinas y aprende a estar en soledad.

   Sus padres terminan por instalarse allí también: el padre encuentra trabajo en una estación de servicio y la madre, Ruth, es secretaria en IBM. Clint juega al baloncesto (mide 1,93) y se interesa por la música: elección obligada, puesto que el padre es aficionado a la guitarra y gracias a su madre conoce los discos del pianista de jazz Fats Waller. Durante algunos años Clint estudia piano; después aprende a tocar la trompa y la trompeta. Con dieciséis años toca blues y ragtime al piano del Omar Club de Oakland para conseguir algún dinerillo. En 1946 escucha por primera vez a Charlie Parker en la radio y va a verlo cuando llega de gira a California.

   En 1948, nada más obtener el diploma en la Oakland Technical High School, se marcha a Oregon para trabajar de leñador. Alistado en la época de la guerra de Corea no se va al frente, sino que trabaja como instructor de natación en Fort Ord, en la costa californiana. Aquí conoce a un grupo de actores de la Universal y a David Janssen, que quería ser actor; todos le animan para que entre en el mundo del cine.

   En 1953 se traslada a Los Ángeles para asistir a un curso de administración empresarial y probar suerte en Hollywood. En diciembre se casa con una estudiante de Berkeley, Maggie Johnson, con la que tendrá dos hijos, Kyle y Alison. Para mantenerse trabaja en una estación de servicio y en la excavación de piscinas.

   Después de una prueba en la Universal le ofrecen un curso de interpretación por setenta dólares a la semana. Durante dieciocho meses Eastwood realiza diversas figuraciones de poca importancia. Su debut es La venganza de la criatura del lago (Revenge of the Creature, 1954) de Jack Arnold, continuación de la célebre La mujer y el monstruo (Creature from the Black Lagoon, 1953) del mismo director. En Hoy como ayer (Never Say Goodbye, 1955) de Jerry Hopper es el asistente de laboratorio de Rock Hudson, y ya realiza alguna intervención. Cuando termina el contrato con la Universal, Eastwood consigue pequeños papeles en otros estudios y colabora también en telefilmes. Lleva a cabo su interpretación más consistente en un western de la Twentieth Century Fox, Ambush at Cimarron Pass (1958), dirigido por un principiante que pronto volverá a la sombra, Jodie Copelan. Eastwood lo considera el western más cochambroso (lousiest) de la historia del cine, pero de momento le sirve de experiencia.

   En 1958, la CBS, siguiendo la estela del éxito obtenido por la serie televisiva Wagon Train, da luz verde a una serie de westerns para la televisión de una hora de metraje, Rawhide, que se inspira en el clásico Río Rojo (Red River, 1949) de Howard Hawks: los protagonistas son un grupo de cowboys que conduce unas cabezas de ganado desde Texas hasta Abilene. Eastwood consigue el segundo papel en importancia, el del joven Rowdy Yates, que es tan impulsivo como sensato,  Gil Favor (interpretado por Eric Fleming) es el cabecilla de los ganaderos. El telefilm se estrena a las ocho de la tarde el 9 de enero de 1959: la serie proseguiría durante siete años y medio hasta un total de 217 episodios. Los capítulos siguen esquemas fijos y evitan cuidadosamente todo cuanto pueda perturbar a un público familiar. Eastwood, en el set, aprende de los errores ajenos (a menudo despiden a los directores tras un único episodio). Incluso pregunta si puede filmar a un rebaño de bueyes con la cámara en la mano mientras monta a caballo: le responden que ni hablar. La misma respuesta obtiene a su pretensión de dirigir un episodio. La CBS sólo le deja rodar algunos trailers.

   – Empezó usted actuando en Rawhide en la televisión. ¿Se siente vinculado al western como género?
– “Me gustan todo tipo de películas; nunca me he considerado un actor de westerns. Las cosas salieron así. Actué en la serie Rawhide y luego en westerns italianos, así que me convertí en actor de westerns. Pero ¿hay que ir más allá? No sé si Gary Cooper o John Wayne eran auténticos vaqueros, pero sin duda tenían un aspecto muy creíble con sus trajes”.

   – Sin embargo, entre las estrellas de hoy es usted la que está más cerca de actores como John Wayne o Gary Cooper. Y entre los realizadores es el que parece más marcado por la herencia de Ford o de Hawks.
– “Nunca he pensado en ello. Me gustaban las películas de esa gente cuando estaban en activo, pero nunca les he otorgado un lugar especial. Admiro mucho las películas de John Ford igual que admiro muchas otras. Quizás me sitúe más bien entre sus filas porque fui educado en el Oeste y me siento cercano a ese tipo de cosas. No sé si me ha influido algo de eso. Algunas cosas te marcan y otras no”.

   – ¿Qué tipo de personaje interpretaba en Rawhide?
– “Era una especie de secundario; era entonces mucho más joven, muy impetuoso, siempre dispuesto a echarme hacia delante sin pensármelo mucho. ¿Sabe?, cuando se ruedan más o menos doscientas horas de series de televisión se aprende lo que es estar frente a una cámara. Se aprenden cosas sobre uno mismo. Estar día tras día frente a la cámara durante seis o siete años es una experiencia muy buena si se sabe utilizar”.

Eastwood entrevistado por Olivier Assayas y Charles Tesson

(Cahiers du cinéma, nº 368, febrero 1985)

    A comienzos de 1964, durante una pausa en la realización de Rawhide, Eastwood recibe la oferta que cambia su vida: rodar un western en España, dirigido por un tal Sergio Leone. Eastwood titubea: Leone no sabe una palabra de inglés, es director de una película mitológica (Il colosso di Rodi El coloso de Rodas, 1960) y había tenido un altercado con Robert Aldrich cuando dirigía la segunda unidad de Sodoma y Gomorra (Sodom and Gomorrah, 1962). Luego decide que no tiene nada que perder: después de todo, si la película es un fiasco, su carrera americana no se verá afectada.

Texto:
Alberto Pezzotta, Clint Eastwood, col. Signo e Imagen/Cineastas, nº 31,
Cátedra, 1997.
Nicolas Saada (ed.), El cine americano actual: Conversaciones con cineastas,
Ediciones JC, 1997.

   Poco después de su estreno, POR UN PUÑADO DE DÓLARES se convierte en un acontecimiento en toda Europa. Pero en Estados Unidos queda bloqueada a causa de la denuncia interpuesta por los japoneses.

   En 1965 Leone decide repetir la fórmula y llama a Eastwood para interpretar La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in piú). La imagen de Eastwood (que esta vez tiene un apodo: el Manco), un cazador de recompensas solitario y enigmático, permanece prácticamente sin cambios: pero Leone sitúa a su lado a otro personaje, el coronel Mortimer, protagonizado por Lee Van Cleef. Los honorarios de Eastwood llegan a los cincuenta mil dólares.

   Cuando vuelve a su país se convierte en la principal estrella de Rawhide: pero la serie ya está acusando el desgaste y termina a comienzos de 1966. En ese momento vuelve a España para rodar un tercer western con Leone, El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto e il cattivo). Las ambiciones de Leone crecen y en tres horas de película hay espacio para una digresión antimilitarista, donde la Guerra de Secesión se describe como una farsa trágica. Eastwood obtiene doscientos cincuenta mil dólares y un porcentaje sobre los ingresos americanos. Pero empieza a arrepentirse: esta vez tiene que compartir la escena no sólo con Lee Van Cleef (El Malo), sino también con el bufonesco Eli Walach (El Feo), que confiere al tono de la película un humorismo picaresco.

   Finalmente, en 1967, la Universal distribuye a gran escala en Estados Unidos POR UN PUÑADO DE DÓLARES y a continuación La muerte tenía un precio, pero ambas películas gustan poco. Leone es considerado como un usurpador de la tradición del western y sus filmes se tienen por aburridos y demasiado violentos. El éxito sólo llega con El bueno, el feo y el malo: Robert Kennedy lo cita en un mitin. Es el triunfo.

   Antes de volver a su patria le da tiempo de trabajar con Vittorio De Sica, que lo llama “el nuevo Gary Cooper” y quiere dirigirlo en el episodio “Una sera come le altre / Una noche como las otras” de la película Las brujas (Le Streghe) al lado de Silvana Mangano. Eastwood es un americano pálido y con gafas que tiene abandonada a su mujer, la cual lo considera un hombre sexy y seductor; pero está tan apartado de su etiqueta que el personaje pasa desapercibido. Librarse de la etiqueta empieza a ser, precisamente, la mayor preocupación de Eastwood. Temiendo pasar a un segundo plano y repetir el acostumbrado personaje, dice que no a Sergio Leone en Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West). Decide en cambio quedarse en su país para interpretar y coproducir un western más tradicional, Cometieron dos errores (Hang’em High, 1968), designando como director a Ted Post, que había dirigido veintidós episodios de Rawhide. A Eastwood le corresponderán sólo cuarenta mil dólares, pero recibirá el 25 por 100 de la recaudación: será un negocio excelente. Desde la primera secuencia, en la que es golpeado y está a punto de morir, Eastwood quiere indicar un cambio de tono con respecto al surrealismo de las películas de Leone.

   Cometieron dos errores es, de todas formas, un éxito y un buen comienzo para la compañía que ha fundado Eastwood, la Malpaso: un nombre apotropaico (tomado de un torrente que atraviesa la propiedad de Eastwood en Carmel), dado su significado en español. Al principio hay muy pocas personas a su lado: el director de producción Robert Daley (sustituido poco después por Fritz Manes), la ayudante Jo Heims y Sonia Chernus, que lee los guiones. Desde 1968 hasta hoy la Malpaso ha respetando la regla dorada de “emplear todo el dinero en lo que se ve”: o sea evitar despilfarros, no salirse nunca del presupuesto y rodar deprisa, preferiblemente en exteriores y no en estudio. Como Roger Corman, Eastwood se ha rodeado de colaboradores fijos y ha apoyado en sus comienzos a jóvenes desconocidos, entre ellos Michael Cimino (UN BOTÍN DE 500.000 DÓLARES); al contrario que Corman ha querido ir a menudo contracorriente ignorando las tendencias del mercado y permitiéndose el lujo de algunos fracasos.

   En 1968 Eastwood acepta una oferta de la Universal para interpretar una especie de western contemporáneo, La jungla humana (Coogan’s Bluff) . El director previsto inicialmente es Alex Segal; pero parece (o al menos así lo cuenta Siegel) que por un fallo de ordenador saltó el nombre de Don Siegel, autor de películas de género poco convencionales como La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956) y Brigada homicida (Madigan, 1967). Ni Eastwood ni Siegel se conocen. Echan una ojeada a sus obras precedentes y aprenden pronto a estimarse: juntos rodarán cinco películas. “Siegel me ha dado ánimos para ser director y yo le he dado ánimos para ser actor”, dice Eastwood. También se intercambian apodos: Siegel se convierte en “Siegellini” (según el modelo de Fellini) , Eastwood es rebautizado como “Clintus” y “Mr. Cool”. Su personaje -a veces abiertamente antipático y con el que es difícil identificarse de inmediato- es mucho más complejo y contradictorio que los pistoleros de Leone y desciende hasta el mundo contemporáneo.

   Para su futuro como director, Eastwood aprende de Siegel a rodar rápidamente -frecuentemente con una sola toma- y a no desechar nada de lo rodado, empleando un montaje muy rápido que alterna todos los puntos de vista posibles. La jungla humana es además la película que sitúa definitivamente a Eastwood en las cuotas más altas de taquilla: en 1968 se convierte en uno de los cinco actores americanos más rentables, al lado de John Wayne, Paul Newman, Julie Andrews y Sidney Poitier.

   No hay mucho que decir, en cambio, sobre las tres películas que rueda en el bienio sucesivo. La primera es una película bélica dirigida por Brian G. Hutton y escrita por el experto Alistair McLean, El desafío de las águilas (Where Eagles Dare, 1969). Eastwood es un soldado americano que sirve de apoyo a Richard Burton en una misión imposible en Austria; prácticamente lo único que hace es disparar a los nazis durante hora y media. Sin embargo el film es un éxito de público.

   La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, 1969), dirigida por Joshua Logan, es un western con aire de farsa inspirado en un musical de los mismos autores de “My Fair Lady”: cuesta veinte millones de dólares y está a punto de provocar la quiebra de la Paramount. Su error está simplemente en exhibir por primera vez a dos duros, Eastwood y Lee Marvin, como cantantes. Aunque el film de Logan resultara un fracaso, Eastwood sigue obstinado en proyectos que tengan una vena humorística, quizá para librarse de la herencia procedente de los westerns de Leone.

   En Dos mulas y una mujer (Two Mules for Sister Sara, 1970), inspirado en un argumento de Budd Boetticher elaborado por Albert Maltz, se reencuentra con Siegel y vuelve a ser productor de sí mismo. El papel de la hermana Sara, la prostituta disfrazada de monja que involucra a un mercenario americano, Hogan (Eastwood), en la guerra entre mexicanos y franceses, está pensado para Elizabeth Taylor, pero después va a manos de Shirley MacLaine.

   El año 1970 se cierra con Los violentos de Kelly (Kelly’s Heroes) donde Eastwood vuelve a ser dirigido por Brian G. Hutton en una historia ambientada durante la Segunda Guerra Mundial. El modelo, esta vez, es Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967) de Robert Aldrich, pero la presencia de Donald Sutherland recuerda a M.A.S.H. (1970) de Robert Altman. Eastwood, en la piel de un soldado americano que medita un plan para ocultar un tesoro de los nazis, no hace mucho para justificar el millón de dólares que recibe como retribución de la M.G.M: pero el tono canallesco y aparentemente antirretórico de la película está en perfecta sintonía con los tiempos.

   Y así llegamos a 1971, un año crucial en la carrera de Eastwood: debuta en la dirección con Escalofrío en la noche (Play Misty for me) y rueda a las ordenes de Siegel EL SEDUCTOR y Harry el sucio (Dirty Harry).

Texto:
Alberto Pezzotta, Clint Eastwood, col. Signo e Imagen/Cineastas, nº 31,
Cátedra, 1997.

   Si os ha gustado este post, os animamos a compartirlo para que el mayor número de personas posible asistan y disfruten del ciclo UN ROSTRO EN LA PANTALLA (II) : CLINT EASTWOOD que el Cine Club Universitario del Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada inaugurará este mes de octubre.

   Muchas Gracias.

   Adrián De La Fuente Lucena.

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