DESEANDO AMAR

Cartel de "Deseando amar (2000)"   “[…] claustrofóbica, pero original historia de amor no consumado, auténtico duetto romántico con formato de bolero, sigue los pasos de la relación entre un hombre y una mujer a quienes el amor sorprende cuando ambos se buscan entre sí no porque se atraigan, sino porque necesitan averiguar qué circunstancias o impulsos han llevado a sus cónyuges respectivos a mantener, entre ellos, una relación adúltera. Una ecuación difícil de visualizar, en definitiva, pero que Wong Kar-wai logra hacer emerger sobre un pudoroso trenzado de vibrantes y paralelas situaciones encadenadas que consiguen dar forma a lo intangible. Lección de estilo y de escritura, de planificación y de tempo interno, de puesta en escena y de mirada, esta indagación elegíaca en el pulso subyacente de un amor nunca declarado está punteada por los boleros de Nat King Cole cantados en castellano: insólita propuesta musical que acaba de dar sentido a una primorosa joyita de muchísimos quilates. DESEANDO AMAR es un film que se expresa en voz baja y apenas susurrada, pero cuya vibración interior confirma a su director como un lúcido y contemporáneo cronista lírico del desamor y de la soledad en el marasmo del universo urbano“.

Carlos F. Heredero

   “[…] Wong Kar-wai ha ido depurando los rasgos publicitarios de su cine hasta conseguir una curiosa elegancia formal que parece remitir a la búsqueda de una nueva dimensión del glamour. Las películas de Wong Kar-wai acaban mostrándonos paraísos artificiales por los que pueden circular todas las contradicciones de la fragilidad amorosa, desde el cosquilleo de la atracción hasta el dolor de la ausencia.”

Ángel Quintana

   “DESEANDO AMAR es algo mucho más perverso, retorcido y ambiguo que las mejores pelis de llorar que conozcan […] es un ejercicio cinematográfico que por encima de su esquinado funcionamiento como love story resulta, en realidad, un alambicado tratado fílmico sobre el secreto, sobre las motivaciones no explícitas, cuya importancia se sitúa en las fronteras del experimento lingüístico, del hallazgo expresivo.”

Antonio Trashorras

   “Él recuerda esa época pasada, como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo, el pasado es algo que puede ver, pero no tocar. Y todo cuanto se ve está borroso y confuso.”

Wong Kar-Wai

 Imagen de "Deseando amar (2000)"  Carlos F. Heredero considera DESEANDO AMAR como la segunda parte de una trilogía  intrincadamente entrelazada formada por un antecedente, DÍAS SALVAJES,  más la prolongación, suma y compendio de 2046. Una trilogía bajo la que circulan personajes a veces ocultos e incluso “sumergidos” de título en título, una suite de común sustrato melodramático y envolvente cadencia musical que configura una indagación elegíaca en el pulso subyacente de una época pretérita, reinventada y estilizada, sujeto de un fascinante bucle estilístico donde la representación imaginaria toma el lugar de la vida real.

   Esta conexión entre películas tambien es señalada por Quim Casas: DESEANDO AMAR inicia de manera más relevante el proceso de fijación de caracteres y motivos que iban a desplazarse de una película a otra. El personaje encarnado por Maggie Cheung se llama Su Liz-hen, aunque se la conoce con el apellido de casada, señora Chan, lo que nos lleva lícitamente a pensar que es la prolongación en el tiempo de la chica con el mismo nombre y el mismo rostro de DÍAS SALVAJES, a pesar de que entre las dos historias relatadas el paso de los años es plausible -la primera acontece en Hong Kong en 1960, la segunda se inicia en la misma ciudad en 1962-, aunque no así en el tiempo transcurrido entre la realización de ambas películas, diez años, una década que se nota en la transformación de Maggie Cheung de adolescente a mujer madura. Esta prolongación en el espacio de las películas adquiere su sentido más complejo con la existencia posterior de 2046.

   Se ha descrito a DESEANDO AMAR como la culminación estilística de la revolución Wong Kar-wai y como una de las piezas de orfebrería más valiosas del cine contemporáneo. Ángel Quintana mantiene estas afirmaciones a partir de una serie de rasgos de DESEANDO AMAR que la hacen merecedora de tales elogios. Dichos rasgos son:

  • un sorprendente equilibrio entre un cuidado trabajo de ornamentación estética, diseñado a partir de la construcción irreal de unos interiores que remiten a un universo lujoso.
  • la afirmación de un profundo sentimiento de melancolía que invade la conducta de los personajes.

 Imagen de "Deseando Amar (2000)"  Frente a la torrencialidad dramática propia de la ficción rosa y de la fotonovela, Wong Kar-wai antepone el Estilo como fin último de ahí que el impacto de su obra resulte ante todo sensorial, con el fin de causar impacto a un nivel de percepción puramente artístico. Precisamente es en este plano formal donde DESEANDO AMAR, en palabras de Antonio Trashorras, deviene experiencia limítrofe, gracias a un grado de estilización que alcanza a veces la pura abstracción escénica (resoluciones de escenas únicas, planos que atentan contra el sentido común narrativo y, sobre todo, el fuera de campo, elipsis que son casi saltos mortales dentro del flujo del relato…). De ahí que defina DESEANDO AMAR como una sublimación posmoderna de la ficción rosa más asequible, de la fotonovela incluso, vendría a ser, por así decirlo, una vivisección de tales géneros menores desde una posición malvada y extremadamente cerebral. De ahí que no la considere como otra arrebatadora película sobre el amor, sino una calculada y obsesiva investigación audiovisual sobre los códigos escénicos que el cine ofrece para materializar precisamente dicho sentimiento […] en pantalla: un ensayo de laboratorio movido por la reflexión y la autoconsciencia representativa que niega, una a una, toda fórmula capaz de convertir una obra así en pura papilla-ficción.

   Es más, Lourdes Monterrubio teoriza que DESEANDO AMAR, materializa algunas de las imágenes más sugerentes en torno a las temáticas del tiempo y del recuerdo. Andrei Tarkovski, en su libro “Esculpir en el tiempo”, escribe: “El tiempo y el recuerdo están abiertos el uno para el otro, son como dos caras de una misma moneda.” Dos caras que, según Gilles Deleuze en La imagen-tiempo, se funden en algo indiscernible propio del cine de la modernidad. No hay, por tanto, una línea divisoria que nos permita diferenciar realidad e imaginación, y la única íntima verdad de cada ser humano será la de sus recuerdos, materia escurridiza y cambiante, imposible de fijar en la memoria, ya que, en cada intento de rememoración, de “esculpir el recuerdo”, sólo hallaremos la confusión y la borrosidad de ese cristal-espejo, siempre deformante.

 Imagen de "Deseando Amar (2000)"  Lourdes Monterrubio da algunos ejemplos en DESEANDO AMAR donde, en su opinión, se tratan esas inquietudes acerca del tiempo y el recuerdo como fondo de ese desesperado intento de evocar y comprender una frustrada historia de amor. Son los siguientes: El primer encuentro entre los protagonistas, fuera del edificio en el que viven como vecinos, se produce una noche en la que se cruzan en la calle. Esta primera rememoración del encuentro se traduce cinematográficamente en un cuadro vacío, dejando a los protagonistas fuera de campo. Es decir, la imagen cinematográfica traduce con destreza la incapacidad de rememorar ese instante, inalcanzable para la memoria. A este primer intento, se irán sucediendo otros muchos, que estructuran la narración en una concatenación de escenas duplicadas, triplicadas incluso, de lo vivido, en la que el esfuerzo por recordar se materializa en un ralentizado que pretende fijar un instante, que siempre escapará a tan ingenua intención. Ya en su parte final, otra secuencia profundiza en la misma problemática. La protagonista comienza una conversación con el que creemos su marido, en la que desea preguntarle si le está siendo infiel. En su desarrollo, descubrimos que se trata tan sólo de un ensayo, pero que ella experimenta como real. “Solo es un ensayo”, le dice él, mientras ella llora. “Solo es un ensayo”, volveremos a escuchar en off, cuando asistamos a la segunda evocación de la despedida final. Porque la memoria, trágicamente, sólo es eso, un inútil ensayo de esculpir en el recuerdo, de fijar su forma, para fracasar, siempre, al comprobar que su naturaleza es mutante, y nuestro intento escultórico vano.

   La melancolía es uno de los temas de DESEANDO AMAR en los que hace hincapié Quim Casas, en sus palabras: La melancolía se expresa aquí también mediante los rótulos intercalados sobre fondo negro que definen el estado de ánimo o un gesto puntual, y tienden a sumergirnos en un aire de novela de ficción dentro de la ficción que es la película. “Esos tiempos pasarán”, reza uno de los rótulos, certificando la sensación de que lo mostrado en las imágenes quedará arrinconado, aunque nunca olvidado […] una vez se desvanezcan los títulos de crédito finales en rojo. La melancolía viene dada en DESEANDO AMAR por estos rótulos novelescos, por la noche y la lluvia, por la forma de filmar los cuerpos de Chow y Su Liz-hen deslizándose en el acotado espacio, por los encuadres laterales cuando comen juntos en un restaurante de platos y tazas color jade. DESEANDO AMAR es también un film epigonal por sus dos actores, los que más y mejor se han adherido al imaginario de Kar-wai; resulta casi imposible pensar en la película sin estos cuerpos que ocupan espacios, gracias a ellos y al tratamiento de la imagen ralentizada, por las estrechas estancias de la pensión hongkonesa o por las escaleras mal iluminadas que les llevan a los lugares donde se compran tallarines, arroz o almíbar de sésamo. El sentido de la cámara lenta es en esta ocasión distinto. Su cadencia se acompasa por un lado con el precioso tema principal compuesto por Shigeru Umebayashi, “Yumeji’s theme”, y por el otro ayuda a advertir, a fijar mejor las miradas y los roces (el cine de Kar-wai es, digámoslo ya, un cine más de roces que de contactos), sobre todo cuando aún no hay nada entre los protagonistas, en espacios ya de por sí reducidos como la habitación y el pasillo de la pensión. La música extradiegética […] alcanza así el estatus de tercer personaje, como si arropara constantemente al hombre y a la mujer en su devenir diario y en sus encuentros fortuitos, colándose entre ellos y el débil armazón de las paredes que comparten pensión contra pensión. Kar-wai deja fuera del plano lo que resulta primordial, ya que sin el conocimiento de que sus respectivas parejas son amantes, posiblemente la relación entre Chow y Su habría sido muy otra. El director los aleja del centro gravitatorio de sus planos, los escamotea porque carecen de relevancia por sí mismos; son sus actos, o uno sólo de sus actos, lo que interesa para construir la relación que verdaderamente importa. La ausencia física de la esposa de Chow y del marido de Su es determinante, y cuando deben aparecer, Kar-wai los esconde porque, quizá, no está de acuerdo con cómo hacen las cosas e impone un sentido moral del punto de vista: los vislumbramos de espalda y en plano general o bien oímos sus voces fuera de campo para que retengamos mejor lo que expresan los dos protagonistas cuando hablan con ellos. Debido a este tratamiento de los amantes confirmados (entre Chow y Su sólo habrá confirmación amorosa al final de sus días en común), no sorprende la sencillez con la que los dos protagonistas asumen la situación después de descubrir que sus respectivas parejas son amantes. Es una secuencia de conversaciones distantes y gestos imperceptibles, en la que ella se da cuenta de que la corbata roja que lleva él es la misma que su marido dice haberse comprado en el extranjero, mientras que el bolso de Su es idéntico al que la esposa de Chow adquirió también en un viaje fuera de Hong Kong. A partir de este momento, pesando sobre ellos no sólo el dolor (atenuado) de la infidelidad de los demás, sino también su escaso tacto (regalar lo mismo al esposo y al amante), Su y Chow quedan unidos por la nueva situación, lo que normaliza sus encuentros pese al temor de que se extiendan las habladurías entre los vecinos, y por la canción “Aquellos ojos verdes” que vuelve una y otra vez como lo hace el tema principal del film. Este aparece en nueve ocasiones y sirve igual para las escenas en que coinciden en la calle sin haber intimado, cuando están juntos en la habitación número 2046 del hotel donde Chow se recluye para escribir su relato de artes marciales o cuando uno de los dos espera en vano poder verse con el otro: “Yumeji’s theme” es lo más parecido a un tema universal.

   Ficha Técnica:

  • Año.- 2000.Cartel de "Deseando amar (2000)"
  • Duración.- 98 minutos.
  • País.- Hong Kong-Francia.
  • Género.- Drama. Romance.
  • Título Orig.- Huayang Nianhua / In the Mood for Love.
  • Director.- Wong Kar-wai.
  • Guión.- Wong Kar-wai.
  • Fotografía.- Christopher Doyle, Kwan Pung-Leung y Ping Bin Lee (Color).
  • Montaje.- William Chang.
  • Música.- Shigeru Umebayashi y Michael Galasso.
  • Productor.- Wong Kar-wai.
  • Producción.- Jet Tone Production – Block 2 Pictures – Paradis Films.
  • Intérpretes.- Maggie Cheung (Su Li-Zhen, sra. Chan), Tony Chiu Wai-leung (Chow Mo-wan), Ping Lam Siu (Ah Ping), Rebecca Pan (sra. Suen), Kelly Lai Chen (sr. Ho), Chan Man-lei (sr. Koo), Chin Szu-ying (Amah), Tung Cho Cheung (hombre del apartamento del sr. Koo).
  • Sinopsis.- Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, se muda con su mujer a un edificio habitado principalmente por gentes de Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, una joven que acaba de instalarse en el mismo edificio con su esposo. Ella es secretaria de una empresa de exportación y su marido está continuamente de viaje de negocios. Como la mujer de Chow también está casi siempre fuera de casa, Li-zhen y Chow pasan cada vez más tiempo juntos y se hacen muy amigos. Un día, ambos descubrirán que sus respectivos cónyuges los están traicionando. (FILMAFFINITY).
  • Premios:
    2000: Festival de Cannes: Mejor Actor (Tony Leung) y Premio técnico.
    2000: Nominada Premios BAFTA: Mejor película en habla no inglesa.
    2001: Premio Cesar: Mejor película extranjera.
    2001: Nominada Critics’ Choice Awards: Mejor película de habla no inglesa.
    2001: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor fotografía y Mejor película extranjera.

   Fuentes:

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   Muchas Gracias.

   Adrián De La Fuente Lucena.

 

 

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3 pensamientos en “DESEANDO AMAR

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