UN JARDÍN JAPONÉS

Un jardín japonés

Foto: Lidia Fernández

   “La intervención de Esther Pizarro explora este microcosmos sobre el mapa de Japón, que se aborda como un país de islas o islado, respetando la norma según la cual el shakkei, o enmarcado es la primera condición para que el jardín exista como tal. Así, la división política que establece las ocho regiones y las 47 prefecturas, junto con las más de seis mil islas  que componen el archipiélago nipón, está simbólicamente representada  en las construcciones hechas por la artista, que articula el camino de la filosofía, en virtud del wabi-shabi que anula las oposiciones, entendiendo que todo está contenido en todo.

Menene Gras Balaguer, comisaria.

Un jardín japonés

Foto: Lidia Fernández.

   El proyecto “Un jardín japonés: Topografías del vacío”, presentado en el espacio expositivo de la sala del Crucero Bajo del Hospital Real de Granada, confronta los principios del jardín japonés con los del mundo de la cartografía y del mapa.

   El jardín japonés es un microcosmos de la naturaleza, sus antecedentes se remontan al siglo VI procedentes de China, cuya cultura penetra en el país como el Budismo y la escritura kanji. La propuesta ha transformado el Crucero Bajo del Hospital Real de Granada en un laboratorio  del paisaje en el que se ha potenciado el acercamiento a un modelo, que se presta a la lectura comparada de paradigmas marcados por el peso de la tradición y su constante reinvención por los grandes maestros de Ikebana  en los siglos XX y XXI.

   La vigencia de esta representación del mundo, de este microcosmos, se debe a la reactualización permanente de las claves estéticas tradicionales que asocian la belleza y la muerte, la nada y el ser, el vacío y su negación, por paisajistas, arquitectos y artista, como Yukio Nakagawa, Tadao Ando, Mirei Shigemori, Mashatoshi Takebe, Kengo Kuma, Toyo Ito, Kazuyo Shejima y Ryue Nishizawa.

  

En tanto que réplica del paisaje natural y construcción cultural, el Jardín Japonés dispone el orden de los elementos que lo integran de acuerdo con unos códigos que se transmiten a través de las antiguas rutas de la seda y del bambú y de las actuales redes sociales. Los diferentes elementos que lo componen se relacionan entre sí con un orden simbólico. Cada trazo, cada vegetación, cada color posee su significado.

jardín japonés

Foto: Lidia Fernández

   El Karensansui es un estilo de jardín japonés seco que consiste en un campo de arena o graba poco profunda que invita a la meditación. Es un jardín escenario donde el rastrillado representa el mar. En este proyecto, un mar de sal se extiende sobre el suelo de la sala desdibujando el límite de los volúmenes escultóricos que actúan como acantilados. Éstos generan una línea ondulada, como si se tratara de olas secas que rompen contra la costa.

Jardín Japonés

Foto: Lidia Fernández

  

Este particular jardín se levanta topográficamente sobre el trazado del mapa del archipiélago nipón donde, tomando como base su mapa político que divide el país en ocho regiones, genera ocho contenedores escultóricos con una continuidad visual entre sí. La capa vegetal, constituida por musgos y plantas preservadas y liofilizadas, se articula en relación con la carta demográfica de la densidad de población de Japón. Los rojos señalizan las zonas más pobladas, pasando por una degradación progresiva de naranjas, amarillos, verdes claros y verdes oscuros, para las zonas menos pobladas. Veinte bonsais se posicionan dentro de esta cartografía vegetal para indicarnos las urbes más pobladas del país.

   Honshu, la isla central y la más extensa, engloba cinco regiones, atravesadas por pasajes iluminados desde el interior, por los que se puede circular. Estos atractores  luminosos hacen las veces de linternas, semejantes a paredes difusas que nos recuerdan los paneles de papel de arroz o shoji de la casa de té de los jardines japoneses. Los shoji o paneles móviles funcionan como paredes divisorias hechas de un papel translúcido con un marco de madera. La iluminación recorre el ciclo de la naturaleza del día a la noche, hasta alcanzar la oscuridad total y volver a empezar. En una cadencia de cinco minutos, pasando de los matices cálidos a los matices más fríos, se capturan los cambios de luz que se producen a lo largo del día. Esta representación del jardín japonés encierra a su vez el paso del tiempo, aspecto tan importante en la cultura nipona, imitando el desplazamiento de la luz natural.

jardín japonés

Foto: Lidia Fernández

   Múltiples escalas confluyen en el proyecto: la territorial, la paisajística, la cartográfica, la humana, la urbana y la doméstica. El espectador se ve constantemente expuesto a estos cambios de escala. Se trata de un jardín que agudiza todos los sentidos: la vista (a través de su intenso colorido), el tacto (mediante la singular textura de los materiales), el olfato (con el singular olor de las plantas), el gusto (gracias al inmenso mar de sal) y el oído (con la activación de registros sonoros procedentes del mar que evocan, como en el típico jardín seco, la importancia del agua).

   “Un jardín japonés: Topografías del vacío” hace reaccionar perceptualmente todos los sentidos del espectador, interrogándole sobre el significado de su volumetría y disposición vegetal, al tiempo que genera un espacio para la contemplación y la meditación.



Fuentes:

cartel de la exposición   Si os ha gustado, compartidlo. Recordad que esta exposición se ha prorrogado hasta el 20 de enero de 2015.

   Muchas Gracias.

   Adrián De La Fuente Lucena.

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