ENTREVISTA a David Webb Peoples, guionista de SIN PERDÓN

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David Webb Peoples.

   -El título…
El título original de SIN PERDÓN (Unforgiven) era ‘The Cut Whore Killings’ (Los asesinatos de la puta cortada). Es el que puse cuando terminé de escribir el guión en 1975 o 1976. Hay que tener en cuenta que hasta que no salió Blade Runner [Ridley Scott, 1982] no se me conocía como guionista, y era difícil que alguien leyera mis guiones. Cuando finalmente Francis Ford Coppola compró la opción, bueno, ‘The Cut Whore Killings’ era un gran título para quien hubiera leído el guión, pero un título horrible para quien no lo hubiera leído. Así que seguimos buscando títulos mejores y acabamos sacando un montón. Uno de ellos era ‘Whores’ Gold’ (El oro de las putas) y otro ‘The William Munny Killings’ (Los asesinatos de William Munny).

   -¿De qué idea partes al escribir SIN PERDÓN?
-Bueno, no se puede hablar de una idea. Creo que las dos cosas que de verdad me empujaron en esa dirección una fue Taxi Driver [Martin Scorsese, 1976] que creo que es algo estupendo para todos los guionistas; el guión de Paul Schrader tiene verdadera fuerza y cambió el modo de hacer películas en América. Creo que es algo maravilloso, y hay una frase en particular que me marcó: cuando Travis Bickle está solo en su habitación y se le oye decir para sus adentros “quiero ser un hombre como los demás” o “quiero ser una persona como cualquier otra” (no recuerdo exactamente las palabras), pero era un pensamiento muy profundo, que realmente expresaba un tipo de angustia, de aislamiento y soledad que encontré muy fuerte. Hay mucho de William Munny en esa frase. Y luego otra cosa que me dejó k.o. fue cuando leí un libro alucinante de un escritor llamado Glendon Swarthout -alguno de sus libros se han llevado al cine-. Este libro en concreto se llamaba “The Shootist” y era una novela muy, muy fuerte y sombría. Su hijo escribió un guión a partir del libro que luego se convirtió en una película [El pistolero, The shootist, Don Siegel, 1976]. Era una película encantadora, muy bonita, en la que salían John Wayne y Jimmy Stewart y Lauren Bacall y Ron Howard, todo viejas glorias. Era estupenda, pero no reflejaba la fuerza y la oscuridad de la novela. Este libro me marcó, por eso creo que hay mucho de él en SIN PERDÓN. Me influyó un montón y disfruté muchísimo leyéndolo. De ahí salió todo.

 Sin_perd_n-171307979-large  -¿Qué intenciones albergabas con este guión?
De hecho no tenía, no tenía intenciones; más bien lo contrario: no quería lanzar un mensaje sobre nada, aunque sí tenía un sentido; siempre he pensado que la muerte violenta en las películas se ha trivializado mucho, me parecía algo estúpido y me propuse que en ninguna de las películas que yo escribiese matarían a nadie, hasta que, oh maravilla, vi Taxi Driver y pensé: “¡un momento! las películas no tienen que ser triviales ¿no?”. Y esa película verdaderamente me inspiró y me conmovió. Entonces me di cuenta de que esta película iba a tener un montón de muertes, pero no quería que fueran triviales, porque no creo que matar a alguien sea algo trivial. Y mientras lo hacía se me ocurrió un truco que me ayudó un poco: decidí que cada una de estas personas tendría distintas razones para matar. William Munny, porque no tenía tope de velocidad, por así decirlo; simplemente carecía del mecanismo que la mayoría de gente tiene y que hace muy difícil apretar el gatillo. Y Little Bill era la idea que tenemos del prototipo de policía -sentía una gran admiración por él como personaje y sigo sintiéndola-, es decir, es muy racional en lo que hace y cuando va a hacer algo antes se lo piensa; la razón por la que da palizas a todo el mundo es precisamente para no tener que matar a nadie. Su método era intimidar de entrada, para no llegar a una situación que le obligue a matar a alguien. Así que cuando acaba matando a alguien era siempre por este concepto de “ley y orden”. Y luego está Bob El Inglés. Cuando apareció me di cuenta: “este mata a la gente simplemente por dinero: si se le paga, dispara a quien haga falta. Si no, no se toma la molestia”. Así que, en este sentido, los dividí muy claramente por motivaciones. Y éstos eran los tres hombres peligrosos de la historia. Miento, hay otro: Schofield Kid. Kid es un aspirante a asesino, llega a ser un asesino hacia el final de la película y lo hace por el romanticismo y la gloria del tema, aunque luego se arrepiente. Así que no tenía la intención de transmitir un mensaje o algo parecido. Era un simple drama, una serie de personas que chocan unas con otras, cada una de las cuales tiene, por así decir, una agenda diferente. Y eso siempre hace las cosas emocionantes. Y en uno de estos personajes invertí mucha emoción… me gustan todos, pero William Munny era mi hombre, en el mismo sentido en que Travis Bickle era el hombre de Paul Schrader.

   -¿Y la acogida de la crítica?
Me quedé muy sorpendido, aunque sólo sea porque nada de lo que habíamos hecho antes tuvo una acogida tan positiva y conocía demasiado bien todos los puntos flacos del guión: cuando estás mucho tiempo trabajando en un guión conoces cada uno de sus defectos y todo lo que no funciona. Por eso me llamó tanto la atención el trabajo tan hermoso que hizo Clint con él. Se implicó en el proyecto más de lo que yo jamás me había implicado; literalmente tenía fe en él y lo sacó adelante de tal modo que la gente viera lo que tenía de bueno. En cualquier guión que haces hay cosas buenas y cosas malas y uno tiene la esperanza de que la gente vea las buenas. Todo el mérito es de Clint y del reparto, y también el maravilloso diseño de producción de Henry Bumstead y del director de fotografía Jack N. Green; sacaron lo mejor que había en él, y eso es lo que la gente vio.

!   -¿Qué se siente al suscitar tanta atención de los intelectuales franceses?
-En este asunto hay algo irónico y es que mucha gente la etiquetó como película anti-violencia y me parece irónico y divertido porque la película no era en absoluto anti-violencia. Lo que sí era es no pro-violencia. Cuando ves una película de Martin Scorsese, nunca sugiere que la violencia resuelva los problemas del mundo. Sugiere que es algo así como una necesidad que tenemos y eso es lo que Schrader puso en Taxi Driver, es lo que se ve en Toro Salvaje [Raging Bull, 1980], y creo que es de lo que va SIN PERDÓN. No es antiviolencia, es no pro-violencia; no dice que puedan resolverse las cosas y mejorarlo todo matando a una serie de personas, y de hecho eso quedaba un poco más claro con el final original, cuando el niño pregunta a William Munny “¿mataste a alguien?” y él dice: “No, hijo mío”. Al final, ya sabes: Clint rodó la escena y lo hizo fabulosamente, pero juzgó que desentonaba y las películas son muy parecidas a la música, así que probablemente tenía razón, la escena desentonaba y la película ya estaba lista para terminar. (…).

   Fuentes: Cuaderno del Cine Club Universitario. Centro de Cultura Contemporánea. Vicerrectorado de Extensión Universitaria. Universidad de Granada.

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2 pensamientos en “ENTREVISTA a David Webb Peoples, guionista de SIN PERDÓN

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